Julián González es un señor muy interesante. El misticismo implícito incluso en su apariencia lo hacen imponente, misterioso. Pero en realidad Julián es un señor agradable, que prefiere dar un consejo a ser alagado. Así pasaba casi inadvertido cuando lo conocí durante la inauguración de la exposición Respeto pa’ los mayores, en el tercer aniversario del estudio de arte corporal La Marca, que había decidido homenajear precisamente a este veterano del tatuaje en Cuba.

¿Por qué decidirse a tatuar, incluso en momentos donde esta actividad podía ser un problema?

Desde niño en la cuadra de mi casa se juntaban los abakuá. Ellos tenían un concepto, una moral, un respeto. Esa gente me transmitió ese espíritu desde chiquitico. Por eso cuando yo veía la presión por hacer tatuajes, de que me quitaban las tintas, me decomisaban las agujas, yo seguí y pintaba y pintaba. Ellos me enseñaron a mirar y eso me acercó al arte.

En cada tatuaje que he hecho, he puesto todo. Con la experiencia que tengo ahora veo muchos errores. Pero siempre quise destacarme, siempre quise ser mejor. Porque la belleza hay que llevarla a un formato lindo, hay que hacerla arte. Si tú eres religioso, esa religión tuya tienes que ayudarla a que florezca.

Este tatuador y artista naif, natal de Regla, impregna sus obras de la profunda religiosidad que siempre lo acompaña. En muñecos, bastones, tatuajes, podemos ver símbolos del más allá que conectan con las más auténticas raíces cubanas.

¿Para ti el arte es un medio de expresión religiosa?

Donde yo mejor me siento en esta vida es en un cementerio. Me gusta la cerveza, un café. Pero en el cementerio es donde yo pienso lo que quiero hacer, es donde me nace a mí la fuerza. Cada vez que yo pienso en un cementerio, desde mi casa, pongo un vasito de agua y le pido algo a los espíritus para que me ayuden a pensar, me vienen cosas tremendas a la mente. Tengo muchas cosas lindas por hacer, vamos a ver si el tiempo me da…

Una muestra de fotografía, video, algunas de sus obras artesanales y una reproducción de un mural de Julián en una de las paredes, llenó el espacio del estudio de Arte Corporal en aquel día de aniversario en la Habana Vieja. Así La Marca abría el primer ciclo expositivo del año homenajeando a este maestro de tatuadores.

Es bueno que lo jóvenes sigan haciendo tatuajes. Si tu cuerpo es tuyo, te haces lo que quieras, vives como tú quieras. Tú eres libre y es tu derecho como ser humano”, me contó aquella vez.

¿Cómo ve el futuro del arte del tatuaje en Cuba?

Hace algunos años atrás he visto que el arte del tatuaje está cogiendo fuerza, y va coger más fuerza. Debería tomar el lugar que merece. Yo creo que el tatuaje en Cuba y en el mundo entero va a seguir porque es arte y un arte lindo.