Hace cuatro años Anna Acosta empezó a tatuar cejas y delinear ojos en Centro Habana. Pero sus ganas de pintar la piel iban más allá del maquillaje. Así que cuando cogió confianza, empezó a experimentar con el tatuaje corporal y ahí se quedó.
“Siempre me gustaron las manualidades, los colores. Siempre he estado envuelta entre artistas”, cuenta Anna. Y aunque no estudió arte en ninguna academia, como muchos otros, de manera autodidacta aprendió a pintar, primero en papel y luego en la piel.

Hace poco más de un año y medio empezó ese salto del tatuado de maquillaje al arte corporal, pero si entras a sus redes sociales (en Facebook e Instagram como Igolka Tattoo) puedes encontrar un extenso catálogo de los trabajos que ha ido haciendo en este tiempo: un trabajo cuidado y lleno de pasión que la poca experiencia no puede mellar cuando se quieren hacer las cosas con profesionalidad.
“Mi estudio es pequeño pero tenemos muchos proyectos en mente y estamos abiertos a cualquier persona que le interese trabajar con nosotros para juntos hacer que crezcan las modificaciones corporales en Cuba”.

“Siempre me gustó trabajar sobre la estética de las cosas, la belleza, las modificaciones corporales”, cuenta Anna, quien con el tatuaje se encontró a sí misma como pez en el agua. “Lo que uno puede llegar a hacer en la piel me fascinó”, agrega.

En el décimo aniversario de la Bodeguita del Medio estuvo participando en una expo colectiva, y dice estar interesada en participar en proyectos junto a otros tatuadores, como medio de retroalimentación para su trabajo. Y a pesar de las trabas que se imponen por ser este un oficio no reconocido en Cuba, sueña con formar parte eventos “donde dejen que el arte joven pueda expresarse, sobre todos los que estamos empezando ahora”
¿Qué crees sobre el vacío legal donde se encuentra el arte del tatuaje actualmente en Cuba?
Tengo muchas cosas que decir sobre el vacío legal, pero como artista me corresponde hacer arte, la política no es lo mío.
¿Cómo es el hecho de ser mujer y tatuar en un país donde persisten los prejuicios, tanto sobre género, como sobre la profesión en sí?
Ser mujer es a veces un arma .No me preocupan los prejuicios, cada cual vive su propia vida.



