Adrián Alfredo: la piel pudo más que el lienzo

Adrián Alfredo Cruz Vidal es recontraconocido en Holguín, todo aquel que tenga
más de cinco tatuajes podría decir que uno es de él. ¿Por qué ir tan lejos a
tatuarnos? ¿Precios? ¿Calidad? Pues doy fe de que Adrián es eso y mucho más.
Siempre que alguien me preguntaba quién me había esculpido aquel rostro
romano en el brazo, raudo le contestaba y lo direccionaba a Holguín, al Ink-
Dependent Tattoo Studio. A su ritmo, Adrián hace de tu piel un lienzo y lo perpetúa
en trazos muy peculiares; ya era la segunda ocasión que me tatuaba, era hora de
saber más de él.

¿Cómo te iniciaste como tatuador?

Comencé a tatuar hace alrededor de dos años y medio, después de haberme
graduado de la Academia de Artes Plásticas y Artes Visuales (el equivalente a San
Alejandro en Holguín). La inquietud siempre estuvo, solo que no tenía los
recursos, que tampoco son baratos; pero en el momento en que me decidí por
completo, comencé a comprar los instrumentos y poco a poco empecé. Nunca fue
con la pretensión de buscar bienestar financiero, más bien tuve la necesidad de
probarlo como recurso artístico.

¿Por qué el tatuaje y no un cuadro?

Cuando uno estudia en una academia, recorre por varios talleres que te ayudan a
encontrar aquello que más se acomode a tus inclinaciones artísticas y a tu interés
de lograr algo. En mi caso personal, la especialidad que estaba estudiando no
cubría esa necesidad, porque el hecho de pintar nunca se me dio muy bien, ni
disfrutaba la acción de sentarme a pintar un cuadro. Simplemente me sentí más identificado con otro tipo de rítmica, de expresión y hasta de círculos sociales, y el
tatuaje fue quién me convenció. Es muy importante tener conciencia de qué
puedes y quieres hacer y qué no.

¿Cómo definirías esos círculos sociales que mencionas?

A lo largo de la historia, en todas las manifestaciones artísticas, el grupo de
personas que las consumen siempre ha sido elitista, no todo el mundo entiende
las artes ni todo el mundo las asimila igual. Ahora, yo nunca me sentí identificado
con aquel que se pone una camisa linda, se peina bonito y va a una galería,
expone un cuadro y comienza a hablar con sus colegas del esoterismo empleado
en su obra. Yo prefiero ser más directo con mi obra, más cercano. Otra de las
razones que hicieron que me desilusionara sobre el tema fue la manera en que
funciona el mercado de arte en Cuba.

¿Cómo te defines, como artista o como tatuador?

Está el término de artista y el del tatuador, son dos conceptos diferentes. El
tatuador es la persona que es capaz de reproducir cualquier tatuaje o cualquier
dibujo; el artista es quien tiene la técnica o no y es capaz también de desarrollar
su propia idea, diseño, concepto y línea de trabajo, esta última realmente es mi
intención. Pero reconozco que lleva tiempo definirse y yo apenas estoy
empezando, pero todos los días trato de superarme un poco más para hallar esa
línea con la que más me identifique. Lleva búsqueda, lleva estudio y lleva
sacrificio, pero el resultado es el arte.

¿Cuál es tu visión del tatuaje en Cuba?

Yo pienso que en Cuba hay muchísimo talento, pero la manera en que funciona la
industria del tatuaje en Cuba (que es inexistente) está mal. Comenzando con que
debería hacerse legal, que uno pueda abrir su propio estudio de manera legal,
que puedas traer gente de otros países a tatuar. Pero por falta de talento o por
falta de calidad humana no es que el tatuaje cubano esté un poco detenido. Lo
que falta es más apertura y, sobre todo, interés de la gente en saber cómo funciona, porque parte del estancamiento es a causa del desconocimiento.
También hemos malacostumbrado a los clientes a que vengan con un diseño y
nosotros lo repetimos, que no debería ser; el artista debería poder desarrollar su
propia estética sobre el tatuaje.

¿Qué visión tienes del tatuaje en general?

Cuando yo pintaba un lienzo me pasaba, por ejemplo, dos horas y me parecía
muy tedioso y me agotaba; sin embargo, una de las primeras sesiones de tatuaje
que hice, duró 11 horas y no me lo sentí, o sea, las manos me temblaban al igual
que la espalda y estaba físicamente muy agotado, pero el cerebro estaba
implacable. El tatuaje me ha costado relaciones con la gente, porque es un mundo
que una vez que te metes te consume tiempo y dedicación, si quieres que
funcione como debería. Es algo increíble, no es el artista en general que hace una
obra de arte y es reconocido por el mundo entero, no es ni siquiera el artista que
hace un performance y tiene un contacto más directo con el público; tatuar supone
que el soporte de esa obra sea el cuerpo de ese público, que es un cuerpo que
tiene conciencia y es capaz de expresar la gratitud y la conformidad de que hiciste
un buen trabajo. Además, la retroalimentación es enorme: yo invierto mi tiempo de
tres o cuatro horas de trabajo a cambio de la eternidad en la que ese tatuaje
permanecerá en el cuerpo de una persona y justamente lo que le dedique es
proporcional a cuán conforme y cuán orgulloso puede estar de mostrar eso o no.

¿Crees que existe un vínculo entre le tattoo y el mundo underground?

Totalmente, siempre ha existido. De hecho, cuando era niño, era casi obligatorio
asociar el tatuaje a lo marginal, a lo poco culto; o sea, uno crece con esa idea.
Pero está demostrado que no es así, que el tatuaje es una forma de expresión de
las personas ante el mundo. Actualmente es común encontrarse el tatuaje en los
escenarios alternativos y es ya un elemento distintivo; las personas solo desean
exponer sus creencias, sus principios, sus gustos y el tatuaje ha sido la mejor
manera para hacerlo, debido a su carácter perpetuo y trascendente.

ink dependent tattoo studio