Vuelvo de un viaje entre universos, parecidos pero con ciertas diferencias notables entre ellos. He visto múltiples Iliam, mas de 5 contagiadas en reales sonrisas creativas. Sintonizadas con todo el ambiente que las rodea…

¿Es posible otra manera de escuchar?

Algo parecido a lo que hicieron los pintores renacentistas con el descubrimiento de la perspectiva o los impresionistas franceses con la difracción y su influencia en la luz.

En este universo mi pregunta se disuelve en fantasías y desmotivación. Les aseguro que es el más atrasado; pero retorno.

Reconozco el porqué de mi aguda tristeza sonora.
El sonido interfiere en nuestra vida.
¡Se trata de generar un mejor Futuro! -Parafraseando a Duchamp- “otros pensamientos para esos objetos”.
Otros sonidos para nuestra existencia, digo yo…
Me consume el mareo, vertical u horizontal.

¿Que estamos escuchando?

Hoy a los músicos consumidos por las ansias de fama y capital nos están haciendo olvidar que el sonido es un laboratorio natural para procesamientos alquímicos con el cual la magia de transformar se hace posible.

¿Qué somos?

¡Mas esclavos de los señores del nuevo Feudalismo!

Se trata de generar y estamos en la primitiva Re-Producción. Exportando o intentando exportar raíces de siglos con la más banal decadencia en el mejor de los casos.

¿Recordamos a los Futuristas en los primeros decenios del siglo pasado, los Dadaístas en la segunda mitad del siglo, Bernhard Gál interviniendo los lavabos de un restaurante, Bill Fontana en su Puente sonoro Colonia-San Francisco?

La Habana, presente en sus latidos lentos, lentos. Siendo irónica lo más avanzado que he escuchado en años es reguetón; con este estribillo: “Vamo a ser feliz, vamo a ser feliz, felices los 4 y a pasar el rato¨. Algo así.

Estamos en la “cultura del altavoz”, que irá ramificándose y ganando protagonismo creciente en el actual siglo XXI.

Todo suena y nosotros somos cavidades resonantes. Marius Schneider escribió que los sonidos que podemos extraer de los objetos son como ecos de la voz originaria que los engendró. “En el principio era el sonido, era el ritmo; la sustancia sonora es la materia prima del mundo”.

Nuestra cultura asume ese mito de la creación a partir del verbo hecho sonido, y sigue privilegiando lo visual y la chatarra.

Lo más característico de un grupo humano es su paisaje sonoro; el grupo, “puede ser entendido como una sonósfera que atrae a los suyos como hacia el interior de un globo terráqueo psicoacústico.”

Este es el punto.

Esta sonósfera, con la que muchos estamos insatisfechos y aun así el terror de la miseria nos deja paralizados. Nuestra acción psicoacústica será más eficaz si componemos e invadimos con sonidos viscerales, seriamos virales creo, porque lo realmente autentico crece como el marabú y entonces La Industria tendría que renovarse por sí misma y mirar hacia todos nosotros.

Felices fiestas [email protected]